Hacer reír pero a la vez pensar
Desde siempre, el humor ha sido un elemento presente en todas las artes. La necesidad de entretenerse de forma humorística se ha manifestado, probablemente, en todas las épocas de la humanidad. Se puede distinguir entre el llamado humor puro o inocente y sus «parientes maliciosos», como la sátira, la parodia, la ironía o el sarcasmo.
En contra de lo que se piensa, la alegría por el mal ajeno y los prejuicios constituyen aspectos importantes del humor, como en el chiste, ya que éste no siempre es inofensivo. Variaciones de su sentido y poder pueden guardar relación con las nacionalidades, como el humor inglés, o con las clases sociales.
La obra de Carlos Ruiz de la Tejera proyecta fuerza de convicción y un gran sentido de la historia. Es cultivador de un arte universal, que nos hace reír, pero también llorar de una manera seria y pensar en el modo en que vivimos y soñamos. Su trabajo recoge prácticamente todos los géneros artísticos.
Este artista merecedor de la Distinción por la Cultura Nacional posee una formación cultural tan vasta, que, a menudo, al narrar un hecho, se va en otra dirección, y es que el humorista entra y sale a su antojo de cualquier conversación y lo hace de manera tan interesante que podríamos escucharle horas enteras. Eso sí, siempre regresa al mismo punto en que estaba.
Carlos como casi todos los que se dedican al humorismo, a pesar de haber cursado una carrera totalmente diferente, ejerce el oficio con una fuerza y amor fuera de lo común, muestra de ellos es que asiste a todo tipo de actividad cultural solo con el objetivo de deleitar a su público. Su extraordinaria versatilidad lo ha llevado a una envidiable posición de admiración y respeto lo mismo en una hilarante sátira que en la interpretación de poemas o textos dramáticos.
Como dijera de él, Nicolás Guillén, nuestro Poeta Nacional: «La burla con que Carlos Ruiz de la Tejera toma en serio las cosas más difíciles de entender seriamente, ha hecho de él un maestro del humor. Su estilo es por supuesto, humor cubano, pero también, y esto es lo más importante, universal. Uno puede reír con Carlos Ruiz en público, pero en privado reflexiona y entonces puedes llorar. En mi opinión es este el papel. -¡Nunca el rol que es francés!- de la Tejera (ya lo llamé Carlos y ya lo llamé Ruiz); es decir lo que hay que saludar en su arte, que no es poco, como humorista genuino, coherente en sus contradicciones y sin duda uno de los temperamentos más definidos y fuertes que hemos tenido en Cuba hasta hoy».
El exquisito pensamiento de Carlos nos honra con la entrega de su arte en la sublime función de contribuir al mejoramiento humano. Posee una amplia trayectoria en el teatro, integró el Conjunto Dramático Nacional y el Grupo Madrigal de la Habana, también en el cine, desde Las doce sillas, primera película donde trabajó, hasta la más reciente, asumiendo la voz del Edecán, en el largometraje animado Meñique.
Lo de artista en Carlos fue inevitable, ni la ingeniería, ni su padre, ni el ballet, ni la guitarra pudieron con su convicción de subirse a un escenario y nunca bajarse. Su dominio de cinco lenguas -francés, portugués, ruso, inglés y «cubano», pero sobre todo, su gran gestualidad, le ha permitido comunicarse a plenitud por medio mundo donde se ha presentado..
Ruiz de la Tejera es un personaje extraordinario, que goza del cariño de todos los cubanos y en este 2012 celebró su 80 cumpleaños. Su verbo fuerte y oportuno ha llegado a los más disímiles, que le agradecen su gracia y carisma. Para él, el humor es algo serio, aunque parezca una paradoja, pues nos hace reír, pero también pensar.
Actor de teatro, cine, televisión y cabaret, hábil intérprete de personajes trágicos o cómicos. Carlos Ruiz de la Tejera ha desarrollado su versatilidad a lo largo de estos años en diferentes caracterizaciones que le han ganado prestigio y fama. Pocos actores han podido como él mostrar las virtudes del método que va desde el ejercicio de clase al desarrollo de la fuerza cómica personal. Carlos logra con el espíritu impartido a sus personajes que la carcajada, la risa, la sonrisa y lo serio se lleven como un matrimonio en luna de miel.
El arte de Carlos Ruiz utiliza el humor como un arma contra defectos y debilidades, también para solaz del intelecto se ha convertido en popular, desmintiendo el prejuicio de que un arte de la más alta calidad sólo puede ser disfrutado por unos cuantos elegidos.
Su peña, llevada a cabo hace más de veintiséis años, en el Museo Napoleónico primero y en la galería Carmen Montilla después, es la más añeja de nuestro país, y donde grandes artistas nacionales y extranjeros se han presentado asombrándose de la alta calidad del público que la propia Peña ha formado, sitio sagrado del arte cubano donde se asiste a reír y a pensar. En este espacio una y otra vez la poesía toma por asalto la audiencia en voz de Carlos Ruiz con su exquisitez característica, símbolos, bellas imágenes todo un lenguaje delicado y armonioso en función de lo más puro del ser humano.
En una entrevista concedida por Norma Jiménez, directora de la Casa Carmen Montilla, declaró, «Carlos Ruiz de la Tejera ha significado algo sorprendente para nuestra galería, llegó acá a nosotros el año en que desapareció físicamente Carmen Montilla, y le ha devuelto una gran felicidad a este lugar, muy necesitada a partir de la pérdida sufrida. Carlos se ha identificado tremendamente con la vida espiritual de la casa, por así decirlo, y hemos ganado desde el punto de vista cultural y espiritual, sobre todo para los miembros de la comunidad y ese pueblo que lo sigue en cualquier espacio en que él este. Cuando comenzamos pensamos que se perderían varios de sus asiduos visitantes y no ha sido así, no solo los ha mantenido sino se han incrementado. La vida ha demostrado que el espacio se le hace pequeño».
Carlos domina la escena con un estilo que lo hace único e irrepetible y es uno de esos seres rientes; humanista y humorista convencido de que la mejor medicina es la risa. Nos regala desde su personal interpretación, un humor siempre agudo e inteligente, fina y desbordada ironía, diversidad de registros que rinde tributo a nuestra más auténtica herencia cultural, donde la sutileza de cada texto nos revela: la crítica reflexiva, esa que desde la belleza de la palabra se funde con la palabra cotidiana, con el conocimiento, con el tratamiento de temas que atañen a hombres de cualquier latitud con la aguda inteligencia de lo que se dice, del cómo se dice.
Es un actor capaz de moverse entre la alta comedia y el más impresionante dramatismo con una fluidez asombrosa. Su fuerza y dominio le hacen posible entregarnos Un Padre Nuestro Latinoamericano de Benedetti o lo mejor del teatro vernáculo cubano, citas precisas de Sandino, Fonseca o Fidel y un conjunto de ideas sobre el amor, que es la vida con igual genio.
Comediante de unas facultades naturales increíbles, lleva el humor en la sangre. Además es un actor completo pues en lo dramático se destaca muchísimo. Su voz, su físico lo ayudan mucho. Tiene una cara muy especial, muy graciosa, que de solo mirarlo ya provoca la risa, otra cosa es su lenguaje corporal, que también utiliza cuando es necesario. Es un magnifico actor, con un corazón y una emoción enormes. Cuando llora en escena, llora de verdad. Tiene un gran poder creador y de imaginación, su cultura es lo que le da la capacidad de poder corporizar cualquier personaje, sin olvidar que es un trabajo colectivo con el director y con todos los que lo rodean.
Carlos conoce bien que el actor tiene que estar con los poros abiertos para recibir, reaccionar y luego expresar, que tiene que mostrar que siente sobre su rostro la luz cuando está ante las cámaras, o el aire que hay en el bosque cuando está actuando en un exterior, o el silencio respetuoso del público, o una risa, o el trabajo de otro compañero.
Ruiz de la Tejera es un actor que reúne todas las facetas artísticas. Todo lo muestra de una manera convincente y explota todas sus posibilidades. Es todo un actorazo, muy estudioso, no se conforma con las medias tintas. Para él nada es simple, estudia mucho. Un ejemplo de ello es su trabajo con las canciones de Bola de Nieve; fue a su esencia, no hizo una caricatura, le rindió tributo, y mostró la gran faceta de intérprete que posee
Por su obra de toda la vida ha recibido el Premio Nacional de Humorismo 2006, la Distinción por la Cultura Nacional, la de Vanguardia Nacional del Sindicato de la Cultura, otorgada por la Central de Trabajadores de Cuba, el Sello por los 50 años de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la Medalla de laureado del Sindicato de la Cultura. Además de la Placa de Reconocimiento de Fundacultura y la Gobernación del Estado Lara, Venezuela, La Giraldilla de la Habana, entregada por el Gobierno de la Ciudad, la Réplica del machete del General Máximo Gómez, la Distinción Majadahonda, por el aporte a la causa internacionalista, otorgado por la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba.
Su legado trascenderá la época que le tocó vivir, el público reconoce y agradece su destacada labor, la de educarnos cada día en un humor serio, un humor y un arte para pensar…
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