Santiago de Cuba, caribeña entre las ciudades
Santiago de Cuba, caribeña entre las ciudades.Olvídese de prejuicios geográficos. Es verdad que el Oriente es la “tierra caliente” —que en este verano eterno no seduce mucho que digamos—, y que de alguna manera nos parece que todo el sol se ha empeñado en concentrarse en ese punto de Cuba, pero no hay manera de resistirse al embrujo de Santiago de Cuba.
Escaleras arriba, escaleras abajo: Padre Pico. Pintando el horizonte de amarillo se ve majestuoso, lleno de historia y sangre nueva, al Cuartel Moncada. La Virgen del Cobre guarda a sus miles de fieles desde la altura, casi al lado de aquel brazo que clama un tributo al cimarrón, hecho por la misma inspiración que moldeó al Titán de la Plaza. Enramadas y su hervidero de gente, con su peculiar horario: por las noches abierta, por el día cerrada para facilitar el paso al caminante.
Ciudad con nombre de santo guerrero. Quizá quien lo decidió estaba sin saberlo previendo que también su gente nacería rebelde, de las que forjan revoluciones.
Pero algo más distingue a Santiago, la separa del resto de sus hermanas cubanas, y es la corona indiscutible que porta como la capital caribeña de Cuba.
No hay otra que venere y celebre más sus raíces —un tronco común que empieza en Europa y termina en África—, que los muestre en los rostros de sus habitantes, y que cada año acoja ansiosa a los miles que celebran el Festival del Caribe, canto a los ancestros y a la unidad que puede adivinarse en la diferencia de los países que conforman la región. Un lugar cada vez con límites más flexibles, si se entiende como una cultura, una raíz similar, en lugar de un espacio geográfico.
Todos los años llega la Fiesta del Fuego, que este 2014 –del tres al nueve de julio- abre la puerta a Suriname, un país que puede no caer en el territorio que se señalaría habitualmente en el mapa como Caribe, pero que por su identidad multicultural, pertenece más a la tradición e idiosincrasia caribeñas, que a la suramericana.
EN SANTIAGO, TODO EL CARIBE
Uno de los eventos culturales más importantes y de mayor convocatoria de cuántos se hacen en Cuba, la también llamada Fiesta del Fuego, es ocasión única para ver a casi todas las culturas de la región en un solo espacio, con el valor agregado que aporta la magia de Santiago.
Posicionada como una de las más respetadas de su tipo, la cita ya va por las 34 ediciones ininterrumpidas, y es organizada por la Casa del Caribe –que este año llegó a sus 33 años-, una de las más prestigiosas instituciones cubanas, preocupada por vincular aspectos materiales y espirituales de la nacionalidad, a través de una visión regional y unificadora, teniendo en cuenta la “gran vocación caribeña de esta ciudad, punto de encuentro de las Islas del Caribe durante siglos”.
Joel James Figarola, prestigioso investigador santiaguero, fue el encargado de reunir a un grupo de intelectuales, quienes demostraron que todas estas manifestaciones tenían un peso considerable en la formación de la cultura cubana. De ellos fue la idea de crear el Festival del Caribe en abril de 1981, que vino a llenar un vacío evidente y a reivindicar elementos poco visibles de lo que nos distingue.
Con el tiempo, la internacionalización de esta fiesta permitió que se cumpliera uno de los propósitos de su fundación: el hermanar a comunidades de regiones lejanas - Brasil, Nicaragua y las Antillas Holandesas- y demostrar los rasgos comunes que hacen del Caribe, un espacio extenso y sin delimitaciones estereotipadas, más a tono con el espíritu de su gente, el imaginario popular, la mezcla mestiza que nos hace tan particulares y atractivos ante los ojos del mundo.
Antes tocó el turno a Guyana, Puerto Rico, Colombia, Panamá, Haití, Venezuela, Brasil, entre otras naciones. Ahora será ocasión de descubrir a Suriname, su música, artesanía, bailes, religión, gastronomía y pensamiento, en un encuentro que celebra sobre todo a las comunidades portadoras y su afán por preservar el legado de sus ancestros.
Así comenzará la versión 34 de la celebración, con el reconocimiento a comunidades cimarronas surinamesas, quienes mostrarán al público sus tradiciones, junto a más de 60 grupos cubanos venidos de todo el país.
Delante quedarán siete días de festejos. Habrá tiempo de bailar en los conciertos, espectáculos de las culturas invitadas, el habitual Desfile de la Serpiente, el del Fuego y la Quema del Diablo. Ocasión para pensar en el Coloquio Internacional “El Caribe que nos une” y para ver, en el Salón que cada año acoge a artistas plásticos de varias nacionalidades. Pero sobre todo mucho calor, mucha fiesta, mucho sabor, todo del que es capaz de ofrecer Santiago, que cada julio apresta sus mejores galas y las mueve al sonido de los tambores y las cornetas chinas.
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