Ruta de una Cuba sin Bloqueo
Hay muros famosos. La muralla China, por ejemplo. Los chinos gastaron más de medio siglo y la mitad de su población para construirla. Finalmente no detuvo a los mogoles pero al menos se ve desde el espacio, aunque ellos no lo sabían en aquel momento. Hay muros muy útiles, como la Capa de Ozono o las barreras coralinas, pero esos los hizo la naturaleza, que ha demostrado ser bastante sabia.
Los muros más difíciles de derrumbar son los que no se ven. Generalmente están en la mente de las personas, pero también pueden aparecer en forma de papeles, como leyes que se le aplican a un país con el único propósito de asfixiarlo económicamente. Por ejemplo, el bloqueo que desde hace más de 50 años le impone Estados Unidos a Cuba.
La mayoría de los muros finalmente fueron derrumbados, así que no es descabezado pensar que en determinado momento el bloqueo norteamericano desaparezca.
Lo que ocurra para ese entonces tendrá que ver mucho con las razones de su extinción. Un acto de buena fe serviría para poner fin a un diferendo histórico entre dos naciones cercanas geográficamente cuyos pueblos comparten elementos culturales. Si, por el contrario, se trata de una fría movida diplomática del gobierno estadounidense para abrir un nuevo capítulo de agresiones contra la Isla, sería ponerle un collar nuevo al mismo perro.
Es difícil para un joven de mi generación imaginar qué ocurriría en Cuba el día después de que el gobierno norteamericano quite el bloqueo. Nací a finales de la década de 1980 y toda mi vida he escuchado hablar de él como causa de casi todos los males que aquejan al país. A veces con razón y otras como justificación a nuestros propios errores.
Me imagino que aún cuando deje de existir, durante un tiempo las cosas continuarán iguales y después todo podría volverse más fácil. Para ese entonces los cubanos accederíamos a los cables submarinos de Internet, haríamos negocios sin la mediación de terceros países, los puertos no darían abasto recibiendo oleadas de cruceros turísticos y niños con cáncer tendrían acceso a medicinas hasta ahora negadas.
Por otro lado, muchas de las cosas que hoy tenemos gratis serían muy costosas, como por ejemplo las series de televisión estilo CSI y Dr. House, el sistema operativo Windows y las copias malas de Nike y Reebok.
Los ineficientes la tendrían difícil si quisieran seguir justificándose, pero también podría prosperar una mentalidad en la que se prefiera comprar afuera antes de esforzarse un poco y fabricarlo aquí adentro.
Independientemente de las consecuencias que tendría, la eliminación del bloqueo es un acto de justicia y respeto a los derechos humanos del pueblo cubano. Más de un centenar de países cada año lo reconoce en las Naciones Unidas. Pero sería ingenuo condicionar el futuro personal y nacional a la eliminación de este mecanismo genocida, porque, aunque su desaparición nos haga la vida más llevadera, la prosperidad y sustentabilidad de nuestro país solo depende de lo que podamos construir con nuestra inteligencia y esfuerzo, y eso, nadie puede bloquearlo.
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