Hegemonismo presente
La llegada de un nuevo año no ha alterado las intenciones de Washington y sus restantes aliados de Occidente de frenar el avance de Rusia y China.
Y en esa dirección está claro, por ejemplo, que en los próximos meses volveremos a asistir a la prolongación de las tensiones en la frontera ruso-ucraniana, a partir del objetivo hegemonista de hacer del régimen de Kiev uno de sus tantos peleles dentro de la belicista Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN. Y la temprana confirmación de estas predicciones está a la vista con la reciente decisión de las autoridades impuestas en Ucrania de renunciar al statu de país no alineado que asumía esa nación hasta el presente, de manera de dejar expedito el ingreso pleno en la entidad belicista imperial.Y el difícil contexto que impone el hegemonismo en su encono contra Rusia y China no solo augura momentos más tensos, sino que recalienta en demasía los ya tórridos vínculos entre el oeste y el este como renovados bloques contrapuestos.
Porque si bien es pública la doctrina imperial norteamericana de evitar a toda costa el surgimiento de nuevas potencias, sobre todo de signo político contrapuesto, también es clara y evidente la conformación de una estrecha alianza defensiva y de carácter multifacético entre aquellos que encabezan la lista de blancos preferenciales del hegemonismo.
Y es que evidentemente Rusia y China se adscriben a una máxima que la lógica de la supervivencia nunca ha obviado y que reza que si tu enemigo es el mío, nada más inteligente que lo enfrentemos juntos.
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