Venciendo el stress

Prof. Dr. Alberto Quirantes HernándezProf. Dr. Alberto Quirantes HernándezPor: Prof. Dr. Alberto Quirantes Hernández

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La Habana, junio 4.- La palabra estrés, del inglés “stress”, significa tensión, fuerza o compulsión. El primero en utilizarla fue H.Seyle, médico vienés, cuando publicó la investigación titulada Estrés. Un estudio sobre la ansiedad, en la década del 50 del pasado siglo.

Sus primeras manifestaciones corporales pueden reflejarse en la dureza de la expresión facial con sensaciones de tensión el cuello y hombros y las manos fuertemente apretadas en forma de puños.

El ser humano reacciona habitualmente de esta manera ante cualquier situación que se interprete como amenazante. La respuesta es refleja o automática pero además necesaria para la supervivencia.
Sin embargo, de mantenerse por mucho tiempo de forma sostenida, desgasta al organismo y trae aparejados problemas de salud a veces graves.

De no aprenderse técnicas para controlarlo a largo plazo, el estrés mantenido puede provocar enfermedades como la depresión, afectaciones cardíacas o muchas otras.

DESENCADENANTES

Los hechos, objetivos o a veces subjetivos, desencadenantes de estrés son los llamados estresores. Son estímulos externos o internos que de alguna manera faciliten un desequilibrio orgánico.

Algunos de estos estímulos pueden ser negativos como son las dificultades financieras, las tensiones laborales, las enfermedades propias o de un ser querido, los obstáculos a nuestros intereses personales, los conflictos familiares, las adicciones, las frustraciones amorosas y muchas otras más.

Existe el estrés positivo y son reacciones ante un cambio estimulante como pueden ser los estímulos financieros, los cambios laborales promocionales, un viaje sorpresivo o largamente esperado, la llegada de un bebé, una grata visita inesperada, el estreno de una nueva casa o cualquier otro estímulo interpretado como positivo.

Existe el estrés neutro, para nada amenazante y sin guardar relación directa con el estresado como puede ser el desarrollo final de un partido de futbol o de pelota.

REACCIONES

Lo importante para cada sujeto no es el agente estresor en sí mismo sino la forma que tiene cada quien de reaccionar a determinado estímulo.

Una persona puede sentirse estresada ante la súbita llamada de un jefe, de un cambio de casa, de determinada dificultad financiera y de problemas imaginarios o sobredimensionados, mientras otras puede no sentirlo y solo se concentran en la forma más serena o sensata de afrontar el evento.

No todas las personas reaccionan ante un estrés negativo de la misma forma. Muchas tratan de superarlo de alguna manera. Otras se irritan y dan respuestas inapropiadas. Hay quienes se tragan el problema y lo sufren en silencio pudiendo presentar conflictos con la comida, el alcohol o las drogas. Aquellos con enfermedades diagnosticadas pueden empeorar. Otros aparentemente sanos pueden enfermar.

Durante una situación de estrés se activa el sistema nervioso y se liberan cantidades inapropiadas de ciertas hormonas como son la adrenalina y el cortisol segregadas por las glándulas suprarrenales a su vez estimuladas por el hipotálamo y por la hipófisis.
Aumenta el metabolismo en general, la tensión arterial y la frecuencia respiratoria y de los latidos del corazón.

Todos estos cambios crean un estado de alerta para propiciar una rápida y eficaz respuesta ante cualquier tensión emocional. Es la llamada respuesta al estrés. Es la manera ideal para una respuesta adecuada bajo tensión.

REPERCUSIONES

Sin embargo, los problemas surgen cuando esta reacción se mantiene a largo plazo aunque sea de baja intensidad.

Las personas que están continuamente bajo los efectos del estrés crónico o mantenido con frecuencia son emocionales, ansiosas, irritables, malhumoradas e incluso depresivas.

Todas o casi todas las personas atraviesan por momentos de estrés. Pero los eventos desencadenantes hay que ponerlos en perspectiva reduciendo su impacto. La inteligencia y la experiencia deben imponerse a fin de revertir, cambiar o atenuar los factores estresantes.

EQUILIBRIO EMOCIONAL

Aquellos emocionalmente equilibrados aplican formas y maneras de colocarlo en su justa medida y de enfrentar el estrés. Saben también cuando y donde buscar ayuda de un médico, un psicólogo o un buen consejero.

Controlan sus reacciones y sus emociones, las entienden, las controlan y las canalizan de manera adecuada y constructiva.

No son impulsivos. Analizan y ejecutan sus acciones incluso bajo fuertes estados emocionales.

No acumulan sentimientos de rencor, rabia o tristeza contra nada ni contra nadie pues así consumen grandes cantidades de energía totalmente improductiva, se pierde el objetivo y los momentos precisos. Adicionalmente pueden traer aparejados problemas en la salud, en las relaciones interpersonales, en el trabajo o en la comunidad.

EL BUEN COMIENZO

Un buen comienzo es enmarcar con exactitud cual es el estresor inicial y si de momento no puede resolverse completamente, comenzar poco a poco a darle solución. A veces el análisis sosegado e inteligente de una respuesta clave al problema es suficiente para comenzar a sentir alivio.

Otros apoyos son la práctica frecuente de ejercicios físicos y el aprendizaje y aplicación de métodos de meditación, relajación y respiración profunda.

El estrés es una reacción fisiológica y necesaria en determinadas circunstancias. Cuando se convierte en una presencia indeseable debemos aprender a vencerlo.