Continúa el asedio a las embajadas cubanas

Las acciones de asedio y agresión a las sedes diplomáticas cubanas en diversas naciones del mundo continúan hoy, tras el ataque terrorista con cócteles Molotov que sufrió la embajada antillana en París, la capital francesa, en la noche de este lunes.

Según refiere el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX) en su perfil oficial en Twitter, el perímetro de la representación caribeña en Washington fue rodeado de carteles de condena a la supuesta violencia que vive hoy el pueblo cubano y de pancartas ofensivas contra el gobierno de la mayor de las Antillas.

Bruno Rodríguez Parrilla denuncia ataque terrorista contra embajada cubana en París

“Prosigue el asedio a nuestras sedes diplomáticas, esta vez en Washington DC, en el perímetro de nuestra Embajada. La misma que sufrió un ataque terrorista en 2020 y sobre lo que aún el gobierno de EEUU guarda silencio. #NoAlTerrorismo #LetCubaLive”, tuiteó el MINREX.

Por otro lado, un grupo de personas que asedió la Embajada de Cuba en Panamá gritando ofensas contra la Revolución cubana fue neutralizado por panameños solidarios con la causa de la Isla.

Escoltada por un centenar de panameños pertenecientes a organizaciones solidarias con la nación antillana y algunos uniformados, la casona que alberga a la representación cubana quedó intacta de las pretensiones agresivas, cuyo plan divulgado por los propios ejecutantes era lanzar objetos contra el edificio, publica la agencia Prensa Latina.

Sobre estas acciones agresivas contra la diplomacia revolucionaria, Fermín Quiñones, presidente de la Asociación Cubana de las Naciones Unidas (ACNU) escribió en la propia red social que las acciones contra la embajada en territorio norteamericano constituyen una violación de la Convención de Viena, al no proteger la integridad de los diplomáticos cubanos.

Quiñones agregó que este tipo de acciones permiten e incitan la violencia contra Cuba, recrudecida después de los disturbios del pasado 11 de julio a partir de una campaña de mentiras y descrédito a través de las redes sociales y varias transnacionales de la información, con el apoyo de la Casa Blanca.

 

 

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