El Che, en la realización de la utopía

De haber concretado sus intenciones la ráfaga a quemarropa que pretendió dejarlo sin vida en La Higuera, resucitarlo apenas habría demorado un segundo: el que sobrevino al asesinato execrable.

Si de veras estuvo muerto –posibilidad improbable–, solo una microfracción de tiempo hubo de permanecer el Che así. El oleaje de los días nos empapa de esa verdad que bulle, como océano inquieto, en este mundo dispar.

No hizo falta resurrección para quien no ha sido difunto, aunque en sus más recientes 54 años viva de otra manera, convertido, como advirtió Raúl Roa, «en símbolo actuante y dirigente».

«El Che Guevara es una conciencia, un espíritu reencarnado en las juventudes», persuade la santaclareña Elaine Gómez Núñez.

Tras conocer de sus avatares durante medio lustro en Venezuela, estaría de más preguntar algún porqué a la muchacha de 31 años, ocho dedicados a la Estomatología.

A su lado, Raciel Pérez Capote, asesor del proyecto Salud Bucal, que forma parte de la misión Barrio Adentro, resume en más de 172 252 000 el total de consultas y servicios de esa especialidad, a los que, de manera gratuita, ha tenido acceso «la gente humilde de aquí», en 18 años que lleva el programa.

Elaine Gómez ve su aporte como «una partícula» apenas. Su historia es la de cientos de miles de compatriotas que, en más de seis décadas, con la tiza y el borrador, el estetoscopio o la pinza quirúrgica, o con los fusiles cuando ha hecho falta, han dejado trazas de hermandad en disímiles latitudes.

De sillones móviles en cualquier rincón de una comunidad, de peripecias, mochila al hombro, con herramientas de estomatóloga, por los laberínticos cerros caraqueños, rememora sus travesías, riesgosas a veces. En alguna ocasión llegó a sentir miedo, dice; «pero no me detuve ni me detendré; se trata de la Salud y de alargar la vida de gente pobre, olvidadas antes de la Venezuela Bolivariana».

Menciona al Che Guevara en su diálogo; sonríe con el episodio del médico argentinocubano, quien, por atender a los pobres de Ñancahuazú, trascendió como Fernando Sacamuelas en aquel entorno selvático. «Así era el alma del Guerrillero Heroico, y así la de nosotros», enfatiza.

En su relato, y en la labor de sus compatriotas, aquí y en otras tierras del mundo, palpita la entraña humanista del que aún sostiene, junto a Fidel, la utopía de un porvenir más justo.

Al Che quieren matarlo por eso; porque él, parte y esencia de ese futuro, sobrevivió a la ráfaga asesina contra su pecho, en La Higuera.

 

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