Revendedores ofertan, ¿salvación o abuso descarado?

Como cualquier cubano de estos tiempos, un prestigioso médico villaclareño aprovechó su día de asueto para resolver algunos suministros domésticos. Para ello, debía llegar hasta la calle Amparo o seguir hasta San Miguel, nombres demasiado piadosos para servir como sitios de feria donde los revendedores de Santa Clara promocionan sus «ofertas». El galeno, que vestía de civil, indagó por los precios de determinados artículos en exhibición.

«Puro, el papel sanitario es a 200 cañitas, y el paquete de café a mil. ¿Le sirve?», espetó el vendedor, en el lenguaje propio de algunas de las personas que se dedican a esos fines. El doctor solo atinó a contestar: «Eso está duro, mulato».

Sin pensarlo dos veces, y luego de consultar con la esposa, quien le recordó en un susurro que ellos no tenían tiempo para hacer cola en las tiendas que venden en moneda libremente convertible (MLC), solicitó dos paquetes de papel higiénico, uno de café La Llave; una botella de ron Havana Club, que costó 500 pesos, para su hijo, también médico; más una lata de Tigón, a cien, todo lo cual importó 2 000 pesos.

La cara de satisfacción del comerciante, por la operación realizada, no podía sospechar a quien había desvalijado ni que un día, si por azares de la vida caía en manos de ese prestigioso galeno, este no dudaría un instante en utilizar toda su inteligencia y los recursos disponibles para salvarle la vida. Dura realidad.

¿LOBOS UNOS DE OTROS?

Es el ejemplo anterior apenas una de las historias cotidianas que ilustran un nocivo fenómeno que, en los últimos tiempos, se ha disparado a la sombra de las conocidas carencias y limitaciones económicas, agravado por la vista gorda de quienes tienen el control directo sobre los recursos del Estado, de donde muchas veces se nutren los malhechores.

¿Por qué mientras la mayoría del pueblo se empeña en sacar a flote al país, en medio de la más compleja situación económica, social y epidemiológica que ha vivido la nación, una minoría vive a costa del negocio y de exprimir el bolsillo de los que trabajan?

Está claro que la situación tiene la raíz fundamental en el desabastecimiento de productos, dada la falta de liquidez para adquirir todo lo necesario, incluso hasta lo básico; entre otras razones, porque los menguados recursos disponibles se dedican con prioridad al enfrentamiento de la pandemia de la COVID-19.

Y sí, aunque suene a disco rayado, también está esa causa ante la que muchos prefieren taparse ojos, oídos y boca; el mil veces recrudecido bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba. No hay modo que pueda obviarse y no acusar, tantas veces como sea posible, esa política hostil que pasa los 60 años como grillete en la garganta del país.
Estamos actuando a pedido del pueblo, al cual nos debemos, y no al enjambre anexionista

Solo en Villa Clara, que no ha sido de las provincias más afectadas por el coronavirus, se invierten cada día en mantener hospitales y centros de aislamiento, 2,2 millones de pesos. Si eso nada más ocurre en este territorio, ¿cuánto será a nivel del país, o en otras provincias donde la pandemia ha hecho mayores estragos?

Sin embargo, más allá de esa realidad, hay que reconocer que el enfrentamiento a revendedores, coleros y especuladores no ha sido todo lo enérgico y sistemático que debía, lo cual ha derivado en la extensión de un asunto que daña al pueblo trabajador, que se ve obligado a pagar varias veces el valor de productos esenciales.

Sobran los ejemplos de grupos y páginas de internet que muestran, impunemente, una variedad amplísima de ofertas que incluyen artículos electrodomésticos, alimenticios, útiles del hogar, aseo, ropas, calzado y materiales de construcción, entre otros; algunos de los cuales son importados, otros adquiridos en las tiendas que venden en MLC, y una parte significativa que proviene del robo y del desvío de recursos del Estado.

Basta recorrer algunas de las calles de Santa Clara, o de otra ciudad de la provincia o del país, para constatar cómo a plena luz del día y sin que nadie los moleste hay decenas de revendedores ubicados en portales, aceras y otros lugares, donde se comercializa cualquier cosa sin importar la etiqueta de un origen legal o ilegal.

Aunque menos visibles físicamente, mucho más numerosos son los que operan desde las redes sociales, en grupos como Revolico Santa Clara y otras páginas en internet, desde las cuales promocionan sus productos, incluidos medicamentos.

Sobre el tema, las opiniones de la población resultan diversas. Mientras unos lo ven como tabla salvadora para resolver carencias, otros se quejan de los precios abusivos; en tanto la mayoría coincide en que no deben permitirse algunas prácticas dentro de este «libre mercadeo», como la venta de medicamentos, por lo insensible, inhumado e inescrupuloso que resulta especular con la salud y el dolor ajeno.

Tal es el caso del santaclareño José Ramón González Guadarrama, quien enfrentó de manera resuelta a un individuo que, junto a una amplia gama de productos, también vendía antibióticos, analgésicos y varios tipos de calmantes, a quien denunció por oportunista, con lo cual facilitó que, sobre él, actuaran las autoridades competentes.

«Es inmoral que alguien se aproveche de las facilidades para importar medicamentos, alimentos y productos de aseo, para, luego, meroliquear con ellos. Por ese resquicio también escapan quienes sustraen fármacos de los hospitales», alega González Guadarrama.

A esos sitios ha tenido que acudir Yoisnel Rivero para poder adquirir los pañales desechables y otros artículos que necesita su niña. «No me ha quedado otra opción. Las colas en las tiendas son inmensas y, cuando viene algo, los coleros lo acaparan todo, para después revenderlo», dice el trabajador de Etecsa.

El profesor Ángel García reconoce que, si las tiendas virtuales, como TuEnvío y otras, funcionaran como debe ser, y estuvieran bien abastecidas, no acudiría a Revolico para poder comprar jabón, pasta dental y otros surtidos necesarios a precios exorbitantes.

UNA BATALLA QUE APENAS COMIENZA

Un acercamiento al tema del enfrentamiento a esos delitos en Villa Clara refleja que durante el primer semestre de 2021 se habían resuelto 61 procesos penales contra 78 personas juzgadas, que estuvieron vinculadas con la especulación y el acaparamiento, la apropiación indebida y las actividades económicas ilícitas, explicó Yunieska Gómez Montero, vicepresidenta del Tribunal Provincial Popular de Villa Clara.
Conducta

En el actuar contra los transgresores de la ley se pudo demostrar, argumentó, que entre los artículos sustraídos figuran grandes cantidades de paquetes de detergente de diferentes tipos y gramajes, galones de peróxido, desodorantes, acondicionador para el cabello, perfumes y colonias, la mayoría de los cuales fueron desfalcados de tiendas y almacenes estatales.

Entre los productos ocupados también había paquetes de pañales desechables, tubos de tinte para el cabello, champú de diferentes marcas, pasta dental, cremas para la piel y cosméticos, además de frijoles, arroz, cajetillas de cigarros, materiales de construcción como cemento y herrajes de diferentes tipos, utensilios eléctricos, resistencia de hornillas eléctricas, bombillos ahorradores, café, embutidos, carnes, aceites, leche en polvo, azúcar, cervezas de importación y nacionales, y otras bebidas alcohólicas.

De las 78 personas juzgadas, cinco fueron absueltas, pero el resto fue sancionado a penas de prisión, en algunos casos subsidiadas mediante el trabajo correccional. Además, se impusieron multas en aquellos casos en los que la cuantía, conducta mantenida con anterioridad y posterior al delito, más la condición de primarios resultaba conveniente, detalló Gómez Montero, quien añadió que, en todos los casos, se impuso la sanción accesoria prevista en el Artículo 43 del Código Penal, correspondiente al decomiso de los efectos e instrumentos del delito, es decir, de todos los bienes y artículos que fueron ocupados.

Salta a la vista que algunos de estos artículos pudieron haber sido comprados en las tiendas que venden en MLC, o en las otras; sin embargo, fue evidente que la mayoría cayó en manos de los truhanes a través de las fisuras del descontrol en comercios y almacenes, sustraídos en complicidad con personal de esos centros.

De igual manera, la Fiscalía de Villa Clara ha trabajado, desde julio de 2020, y hasta la fecha, un total de 217 procesos sumarios, competencia de los Tribunales Populares Municipales, con mayor incidencia en los delitos de especulación, acaparamiento y actividad económica ilícita.

Javier Jiménez Abelenda, fiscal jefe en Villa Clara, informó a Granma que, por los delitos mencionados, han sido sancionados 176 ciudadanos del territorio, de los cuales 13 fueron privados de libertad, 55 sometidos a trabajo correccional con internamiento, 64 a trabajo correccional sin internamiento, 11 a limitación de libertad, y a 33 se les aplicaron multas.

Pudiera parecer que el enfrentamiento a las personas que en Villa Clara ejercen este tipo de actividad ha sido aleccionador; sin embargo, la cotidianidad y la opinión popular demuestran que esta ofensiva aún es incipiente, y que no puede esperarse al fin de la pandemia para hacer todo cuanto se pueda para sellar estos agujeros por los cuales hace aguas el esfuerzo de muchísima gente que sí cree y trabaja con la visión de equidad, honradez y justicia social con que resiste Cuba.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.