Un Girón en julio

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El mes de julio es para las cubanas y los cubanos sinónimo inequívoco de Revolución. De este mes es el 26 glorioso, en que el Apóstol renació para guiar, desde la inmensidad de su legado, a Fidel y a toda la generación que continuó el camino irreversible hacia la plena dignidad de Cuba.

Tanta grandeza humana, tanto sacrificio, tanta historia, son causas sagradas; expresiones simbólicas de nuestra perseverancia, resistencia, principios y sentido de la justicia.

Este pueblo ha batallado sin descanso por su independencia. Vence cada vez que intentan ahogarlo, se cuadra irreverente frente a quienes tratan de robarle su derecho a decidir cómo vivir; por tanto, no se inclinará jamás ante provocaciones ni amenazas.

Pruebas de ello han sido el bloqueo económico, comercial y financiero, la práctica del terrorismo de Estado, el intento de invasión. Y como nada ha servido al plan de derrocamiento, nuestros enemigos apuestan por el llamado golpe suave. La expresión más insolente la ensayaron el 11 de julio de 2021, ignorantes de esa profundidad con que llegan las raíces de la Revolución a las entrañas de quien la hace, la perfecciona y la mantiene firme.

Con el despliegue de una operación político-comunicacional de gran enver­gadura, quisieron aprovecharse de manera oportunista de los impactos combinados del pico de la pandemia de la COVID-19, de la crisis económica derivada de esta, y de las medidas que recrudecieron el bloqueo a un nivel sin precedentes.

¿El más claro objetivo? Generar la idea falsa de que las carencias y dificultades materiales responden a la ineficiencia en la gestión del Gobierno revolucionario, y encubrir su causa real: el inhumano cerco económico de Estados Unidos.

Ante el mundo vendieron la noción de un estallido social que pretendía «derrocar a la dictadura». Pero su plan tuvo un fallo: subestimaron la unidad de la nación, el apoyo mayoritario al proyecto revolucionario, la voluntad de no permitir que se socaven la paz y las conquistas sociales. Eso los condenó, como siempre, al más rotundo fracaso.

No han entendido todavía que la continuidad en Cuba no es demagogia, y que defender la Revolución al precio que sea necesario no es consigna vacía, sino firme resolución que el pueblo de­senfunda, poniendo el pecho ante el atrevimiento de sus tarifados enemigos.

Porque son ciertos los peligros, es que el pueblo cubano ha estado siempre en zafarrancho de combate. Así lo demostró ese 11 de julio, cuando aplastó en muy pocas horas aquella escaramuza.

Bajo ese precepto, con el corazón abierto, como si hablaran Fidel, Raúl, Martí y todos los próceres de la Patria, el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, convocó a defender la Revolución en las calles, y el pueblo, sin dudarlo, ya estaba allí.

Fue un acto de fidelidad al legado del Comandante en Jefe, quien, justo el 8 de enero de 1959, había fijado el modo de actuación ante situaciones de peligro inminente: «Les digo que lo primero que haré siempre, cuando vea en peligro la Revolución, es llamar al pueblo. Porque hablándole al pueblo nos podemos ahorrar sangre; porque aquí, antes de tirar un tiro, hay que llamar mil veces al pueblo…».

Y con plena valentía ese pueblo hizo valer su condición de protector supremo de esta obra, y patentizó que la tranquilidad ciudadana es sagrada, y que el reclamo justo y sincero no necesita de la violencia para hacerse escuchar.

Este mismo pueblo es el que se niega a la impunidad, porque nadie al servicio de intereses extranjeros tiene derecho a subvertir el orden de esta nación soberana.

Pobres los que quisieron secuestrar, para sus pagadores, el 11 de julio, fecha en que los revolucionarios derrotamos un golpe de Estado vandálico.

Tanto timbre tiene el 26 de Julio en la historia patria, que es corto el mes para celebrarlo. ¿Cómo hacer para que tanta gloria quepa si le sumamos, también, la aplastante victoria del día 11; tan semejante a ese 13 en que Maceo, en 1895, hizo huir en desbandada a un ejército entero de españoles en los campos de Peralejo?

Para el artero ataque mercenario, y para el iluso afán de hacerse de una «cabeza de playa» desde la cual clamar por la intervención yanqui, ya había un lugar y una fecha que son la más grave vergüenza del imperio: Girón.

Mas, si en su propósito servil, insisten los enemigos de Cuba en propinarse un Girón con cada intento, tendrán uno cada vez, como en abril de 1961, como en julio de 2021.

Cuba revolucionaria, en tanto, permanece alegre y en paz, del lado de la razón, la verdad y la justicia. Sabemos que los tiempos son duros, pero también que juntos somos capaces de superar los escollos de una realidad circunstancial, cuyas complejidades no son exclusivas de nuestro país.

Seguimos y seguiremos de pie, con visión crítica, con espíritu transformador, con resistencia creativa y con sueños y esperanzas pensados siempre para un futuro en Revolución.

(Con información de Granma)

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