FMC: Un espacio para todas las mujeres

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Taymi asumió la dirección de un hospital en medio de unos de los picos más agudos de la pandemia en Cuba; Dagmar y Belinda postergaron muchas horas de sueño tras esas vacunas que fueron antídoto contra el SARS-CoV-2.

También contra el bloqueo; Ada y Margarita tensaron sus vistas cosiendo nasobucos; Matilde y Marbelis escudriñaron una y otra vez las estadísticas en busca de conexiones que ayudaran a frenar la covid-19; Clotilde, Laura, Ada y Arlín estudiaron legislaciones y construyeron protocolos contra la violencia, Yamila y Ana María siguieron soñando -y escribiendo- un código de familias que cambiará la vida de muchas personas de este lado del mundo; Bárbara y Consuelo echaron mano del WhatsApp y brindaron orientación psicológica a distancia; Yunia y Lázara hicieron parir la tierra; Iramis y Sayli construyeron noticias y alertas sanitarias; Zulma mantuvo bien controladas las riendas de una refinería gigantesca…

Son apenas unos pocos nombres de muchísimos posibles. Tienen edades y ocupaciones diversas; andan de un extremo a otro de la geografía del caimán, pero comparten una característica común: viven y construyen dentro de un proceso social que ha ido creciendo a la par que les cambia la vida. Han sido protagonistas, además, de lo que Teresa Amarelle, secretaria general de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) considera “tres años que nos obligaron a remover las esencias”.

Los años duros

Para la también integrante del Buró Político del Partido, las esencias fundamentales de la FMC, históricamente, han sido “la lucha por la igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres, la atención a las familias y, por supuesto, la defensa de la Revolución socialista”.

A su juicio, los últimos años han significado una renovación de esas misiones –atravesadas por la prevención y el trabajo social-, pero no solo por el impacto de la covid-19.

“Ya desde 2019, meses antes de que llegara la pandemia, estábamos inmersas en la implementación de los acuerdos de nuestro X Congreso, y sobre todo de los resultados del proceso previo que se realizó en las comunidades. De los encuentros con mujeres de todos los rincones del país se recogieron más de 500 planteamientos y el 70 por ciento de ellos estuvieron relacionados con la necesidad de actualizar nuestro funcionamiento. No es casual, tampoco, que en el VIII Congreso del Partido nuestro General de Ejército llamara a las organizaciones de masas a revitalizar su trabajo. O sea, la necesidad de renovación fue reconocida por nuestras mujeres y también por la dirección del país.  Luego, la aprobación de la actual Constitución de la República trajo otros desafíos para el trabajo de la organización, y no solo por el hecho de ser parte de su equipo redactor o de haber trabajado muy duro en la consulta popular que finalmente la refrendó con más del 86 por ciento de los votos. Las miradas amplias e inclusivas que la Carta Magna aporta a las batallas contra la igualdad y la discriminación también impactan directamente en la agenda cotidiana de la FMC.

— ¿De qué maneras la COVID-19 complejizó el escenario y obstaculizó el proceso de cambios que venían implementando?

La pandemia nos obligó, como nunca antes, a estar permanentemente en nuestras bases, en nuestros barrios. Yo puedo asegurar que para nosotras los mejores años de funcionamiento han sido estos últimos, pues a pesar de la enfermedad y de la situación económica, el propio  confinamiento y las múltiples formas en que se reordenó la vida del país nos obligaron a estar constantemente en la primera línea.

Desde la organización estuvimos siguiendo el trabajo de los estudiantes en las comunidades; participamos activamente en el aseguramiento de las familias que se convirtieron en educadoras de sus hijas e hijos durante el confinamiento. No en todas las comunidades se pudieron aprovechar igual las teleclases, porque hay zonas de silencio y tuvimos muchísimos encuentros con el Ministerio de Educación para evaluar cómo podíamos contribuir.

Hay personas, por ejemplo, que han subestimado los nasobucos que nuestras federadas hicieron en aquellos momentos iniciales de la pandemia. Pero esos nasobucos nos salvaron la vida porque los profesionales, los desechables, comenzaron a entrar al país mucho después. Nuestras mujeres armaron talleres en los barrios, sacaron sus máquinas de coser y se pusieron a hacer mascarillas, pero también sobrebatas, botas quirúrgicas y otras piezas fundamentales para los hospitales. Hubo comunidades que también se unieron para hacer los componedores para los niños que estaban aprendiendo a leer, juguetes con materiales desechables, entre otras muchísimas cosas. Todavía este agosto hay costureras que no han salido de vacaciones por decisión propia, para poder terminar los uniformes escolares, porque esos tejidos siempre llegan con tiempos muy ajustados.

También apoyamos en las farmacias con el envase del hipoclorito, en las primeras labores de mensajería para ayudar a personas mayores en los barrios. Hoy ese es un trabajo institucionalizado, remunerado, pero empezamos a hacerlo de manera voluntaria. Y es bien conocida la participación de nuestras mujeres en la producción científica.  Integramos el grupo temporal de trabajo para la atención a la pandemia, pero muchísimas federadas fueron parte de los equipos de investigación de las vacunas, de los protocolos de atención, de los nuevos tratamientos y medicamentos. Y luego protagonizaron los ensayos clínicos y el proceso de vacunación. Nos dimos cuenta de que teníamos que cambiar las formas de la actuación de las brigadistas sanitarias y eso supuso un desafío tremendo en momentos en que el personal de salud estaba saturado de trabajo. Así que las mujeres estuvimos en zona roja, en los centros de aislamiento, apoyando labores de servicio, de lavandería, de limpieza; pero también en las producción de alimentos.

Fueron años de aprendizajes para la prevención y atención a la violencia de género, pues en este tiempo las mujeres violentadas vivieron prácticamente confinadas con sus abusadores pues el país estaba paralizado. Hubo que crear otras redes de asistencia, otras alternativas, otras maneras de atender ese maltrato. En ese camino, con el apoyo de nuestro grupo asesor para la atención a la violencia, se extendieron los servicios de la Línea 103, se escribieron rutas, protocolos, para atender la violencia en cuarentena, se capacitó a los operadores de las líneas telefónicas de apoyo, de la fiscalía, de la policía, y de otros espacios de atención a distancia. Todo ese trabajo nos demostró que las Casas de Orientación no podían estar solo a nivel de municipio y estamos llevando la experiencia de equipos multidisciplinarios de atención a las comunidades. También creamos grupos de expertos en todas las provincias, porque la experiencia que habíamos tenido con el equipo asesor nos está dando resultados. Hemos retomado la capacitación y adiestramiento en prevención, en técnicas de Educación Popular con el Centro Martin Luther King. En fin, nos estamos renovando.

Si algo han demostrado estos años difíciles es que hay mucho altruismo en el pueblo de Cuba y en nuestras mujeres. Y se confirma una y otra vez: con la pandemia, con los sucesos del Saratoga o con los de la base de supertanqueros de Matanzas. Todavía tenemos compañeras sanitarias, combatientes, bomberas y hasta periodistas recuperándose de quemaduras.

Siempre pienso que eso no hubiera sido posible sin aquel momento fundacional de hace 62 años, donde las mujeres se unieron en una sola organización. Y tampoco sin esa voluntad política y humanista de la Revolución.

Es importante resaltar el valor que ha tenido durante todos estos años contar con el Centro de Estudios de la Mujer (CEM), un espacio propio para la investigación de género, pero también con la Editorial de la Mujer, que ha acompañado desde la comunicación cada tarea, cada cambio, a través de las páginas de Mujeres y Muchacha, pero también de muchos libros de consulta.

Cuando me preguntan cuáles son las fortalezas de la FMC, no tengo ni que pensarlo: son las cubanas y la manera en que estamos organizadas. Dos ideas de Fidel tienen una vigencia extraordinaria en estos tiempos. Que las mujeres convertimos en hazaña el esfuerzo cotidiano y que somos una revolución dentro de la Revolución.

—La atención a madres de familia numerosas, la creación de las casitas infantiles, la atención a vulnerabilidades diversas en las comunidades. ¿También ha sido la FMC parte de la implementación de la política de atención a la dinámica demográfica?

Para nosotros todo lo que tiene que ver con la dinámica demográfica es prioridad por muchas razones. Las mujeres son mayoría entre las personas mayores en Cuba, incluso estadísticas recientes nos dicen que son más de 55% de la población mayor de 80 años, en un país donde la esperanza de vida geriátrica es de 23 años, lo cual impone retos grandes también.

Se estima que para 2030 la mayoría de los hogares cubanos estén siendo dirigidos por una mujeres; eso lleva entrenamiento, preparación para que las cubanas puedan vivir de una mejor manera ese escenario. La mayoría de las personas que se dedican al cuidado en Cuba son mujeres. Al margen de que se trata de una distribución patriarcal de roles que debemos contribuir a cambiar, tenemos que ser conscientes de esa realidad para poder transformarla; desde las instituciones, pero también educando a las familias para que entiendan que esa es una responsabilidad que debe ser compartida.

Por otro lado, la participación en los Observatorios Demográficos nos ha permitido identificar otras realidades sobre las que estamos trabajando como la maternidad temprana o la localización de madres en situaciones de vulnerabilidad por cuestiones laborales o de vivienda, , por ejemplo. También nos están sirviendo como referente para la creación del Observatorio de Género que estamos trabajando con la Universidad de La Habana y la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI). Ya tenemos definidos un grupo de mas de 70 indicadores de seguimiento, pero es un trabajo que lleva recursos, lleva ciencia y es parte de los mandatos del Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres (PAM), que también aprobamos y echamos a andar en estos años difíciles. No es ocioso que uno de los primeros temas que llevamos a debate en el contexto del PAM fue el embarazo en la adolescencia. Y lo hicimos desde los aportes del Centro de Estudios Demográficos (CEDEM), pues es la institución que mejor nos puede brindar elementos para trazar una hoja de ruta que permita su atención.

—La FMC ha participado en estos años de un proceso menos visible a nivel comunitario, pero estratégico: el acompañamiento al cronograma legislativo. ¿Qué implica exactamente ese trabajo? ¿Cuáles son los desafíos?

La FMC es el mecanismo nacional para el empoderamiento femenino en el país y, además, como organización integra el Consejo de Estado. Eso quiere decir que somos parte consultiva para la aprobación de la leyes y normas. Siempre recuerdo que la primera Constitución del período revolucionario decía que las mujeres debían tener iguales derechos y oportunidades que los hombres y cuando se hizo la reforma constitucional en el año 1992, a propuesta de la FMC, eso se cambió. Ya habíamos avanzado en los estudios de género, teníamos un conocimiento mayor y dijimos que no, que el hombre no podía ser referente para el ejercicio de los derechos. Y finalmente quedó que mujeres y hombres tenemos iguales derechos y oportunidades.

O sea, la FMC siempre ha tenido la posibilidad de participar en las discusiones especializadas de las leyes. Ahora, en línea con el intenso cronograma legislativo del país, tenemos un papel mucho más activo en ese proceso. El trabajo se ha fortalecido, además, con la creación del grupo asesor, primero para el tratamiento de la violencia y que luego hemos ido multiplicando, de acuerdo con el estilo de trabajo de nuestro Gobierno de tomar decisiones sostenidas en la ciencia y la innovación. Eso nos ha permitido que las propuestas que hagamos sean mucho más colegiadas, tengan una mirada más integral, porque incluyen no solo el conocimiento de lo que las mujeres sienten y viven en las comunidades, sino la interpretación desde la psicología, el derecho, la sociología, la comunicación, entre otras disciplinas. Hemos desarrollado más de un encuentro con el Tribunal Supremo, la Fiscalía y otros organismos de la administración central del Estado, previos a la aprobación final de cada nueva norma jurídica, en busca de que fueran concebidas desde perspectivas de género y de protección.

Así nació la Estrategia integral de prevención y atención a la violencia de género y en el escenario familiar, pero también acompañamos el Código Penal, el de los Procesos, el de las Familias, por supuesto; y más recientemente otras legislaciones aún en construcción o en proceso de debate especializado como las de Educación, Salud Pública o Comunicación, entre otras.

El propio presidente del Tribunal Supremo reconoce en todas las introducciones a sus leyes los aportes que ha hecho la FMC. Yo lo interpreto como una posibilidad para la organización, sostenida con el trabajo que hizo nuestro grupo asesor y nuestro Centro de Estudios de la Mujer. Lo más importante ahora es la implementación articulada de todas esas legislaciones que complementan y completan la Constitución de la República. Ahí quedan desafíos de instrumentación, de capacitación, para todas las personas involucradas.

—Decía Vilma Espín que “en las tareas de la Revolución siempre se vuelve a empezar y se debe empezar; nunca se termina”. ¿Esa es hoy la cotidianidad de la FMC?

No se puede celebrar un aniversario de la FMC sin recordar a Vilma y esa frase describe perfectamente la vorágine de trabajo que estamos viviendo. Hemos revisado las esencias fundacionales de la organización de hace 62 años y estamos retomando muchísimas cosas, pero atemperadas a las condiciones y el contexto en que vivimos: la visión del trabajo social, de la prevención, del activismo con las más jóvenes federadas.

En un momento la FMC tuvo activistas en las organizaciones estudiantiles y es algo que estamos rescatando. En los inicios tuvimos hasta estructuras en los centros laborales. Obviamente hoy no es necesario. ¿Pero, que son los comités de género que estamos creando en instituciones, empresas, ministerios? Pues una manera de velar por las esencias que defendemos; espacios que van a garantizar que la perspectiva de género no falle en los entornos administrativos.

Uno de los desafíos inmediatos, ya lo comentaba, es la implementación articulada del PAM y las nuevas normas y legislaciones; pero también otro muy importante es generar empleos donde las mujeres puedan realizarse. Igualmente, atender a la diversidad de cubanas que hoy habitan el país, y a sus demandas y necesidades, es un reto enorme.

Las creación de casitas infantiles en instituciones, ministerios, espacios productivos, va en esa dirección. Sabemos que los círculos infantiles no son suficientes para cubrir las necesidades y es muy alto el valor que tiene que pagar una familia para tener un niño o niña en lo que se conoce como casas de cuido, o cuidadoras por cuenta propia. Tenemos ya 52 casitas, pero no hemos avanzado todo lo que queríamos; debemos seguir trabajando con el apoyo del Gobierno.

También estamos insistiendo para que en cada espacio laboral se tenga el cuenta la promoción de las mujeres a puesto directivos, a posiciones clave y mejor remuneradas; en la bonificación de las tareas de cuidado. Muchas medidas aprobadas en el X Congreso o por la propia Política de atención a la dinámica demográfica no han podido implementarse por la compleja situación económica del país, pero hacia allí vamos.

Y siempre está Vilma, animando e impulsando. No hay una sola tarea que no tenga en su espíritu  el pensamiento de Vilma, el ejemplo de Vilma.

Mujer cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

—Se habla mucho de feminismo recientemente en los espacios de la Federación de Mujeres Cubanas. ¿Cuál es ese feminismo que defiende la organización?

Cuándo surgió la FMC, aunque no se reconoció literalmente feminista, sí asumió el programa que habían trazado muchas organizaciones feministas que existían en el país. Incluso, varias de las feministas más reconocidas de la época fueron fundadoras de la organización y pasaron a formar parte de su primer Comité Nacional.

Defendemos el feminismo que lucha por la igualdad de derechos y oportunidades para todas las personas, por hacer notar esa capacidad transformadora de las mujeres, porque nadie subestime el papel que ellas pueden desempeñar en la sociedad. Es el feminismo que Vilma reconoció siempre y seguimos orgullosas , agradecidas del papel que jugaron las feministas en la historia de la emancipación de la mujer en esta nación.

Asumimos que la Federación de Mujeres Cubanas es un espacio donde caben todas las mujeres: feministas, ambientalistas, animalistas, afrodescendientes; pero también personas con identidades de género y orientaciones sexuales diferentes; profesionales, obreras y amas de casa. Nuestro horizonte es la igualdad, y si en ese camino hemos retrocedido a veces un poco, es porque hemos tenido que trabajar siempre bajo fuego, en contingencia. Pero no hemos renunciado a ese legado.

Mujer cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

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